Compañeros de vida(s)

Hace unos días pasé una de las noches más lindas con amigos.

Tuvo todos los ingredientes necesarios para pasarla de lo lindo: alcohol (¡Ja!), un lugar hermoso y cómodo, historias de viajes y amores, discusiones y debates sociopolíticos, chalupas (o garnachas, como quieran llamarles), y por supuesto, la mejor compañía.

¿Qué les digo? Los vi a todos con una gran emoción, y nos abrazamos tan pero tan fuerte. Fue simplemente lindo.

Pero el mejor momento de la noche, probablemente, fue al compartir una idea, que EL NOVIO y yo andamos planeando, con uno de estos amigos, y su reacción… bueno, su reacción fue increíble. Y ya sé que soy una llorona (sí, soy esa que llora con comerciales), pero les juro que no se imaginan la emoción que sentí al presenciar la aceptación de esta idea, y más por este amigo en específico (una de las personas más brillantes y lindas que conozco, por cierto).

Últimamente he estado pasando por una semi-crisis de sueños. Les explico. Antes, hace algunos años, incluso meses, no había nada que me detuviera en cuanto a perseguir mis sueños se trataba. Ahora, no es tan fácil. Ahora, me detengo yo misma. Ahora, tengo miedo. No sé de qué y no sé por qué. Sólo me da miedo. Seguir leyendo

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¡Llévele! ¿Con truco o sin truco?

– Ésta tiene truco, como que la hicieron medio forzada y tienes que encontrarle. Pero sí abre.

Desde ahí ya tenía una idea de lo que me esperaba. “Tiene truco”. Dos palabras que no quieres escuchar la primera vez que abres una puerta. “Tiene truco” significa únicamente dos cosas.

1. Que le atines y descubras el dichoso truco. (Casi nunca pasa)

2. Que te pases de 5 minutos en adelante intentando abrir… y el maldito truco nunca salga a la luz. (Siempre)

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Gráfico 5. “Cuando la llave tiene truco”

Lo que nunca me imaginé fue que el dichoso truco era todo un profesional del… bueno, truco. Pero, antes de contarles mi travesía con LAS cerraduras, debo contextualizarlos un poco.

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Día 6 (Parte 1). Alineamientos, superhéroes y volcanes.

Disculpen ustedes por la tardanza, o por la ausencia, mejor dicho. Entre chambas y otras cosas no me he dado el tiempo para regresar a esto de la escritura bloggera.

¿Qué les cuento?

Pues, como seguramente ya les había platicado en posts anteriores, mi bici -a la que en un futuro nada lejano les presentaré por su nombre de pila- cuenta con un avanzado y tecnológico dispositivo de aviso, que vulgarmente suele llamarse “timbre”. Dicho dispositivo se utiliza para avisar -¡duh!- a aquellas personas que se encuentren bloqueando el camino del ciclista, o para anunciar nuestro próximo arribo. Es así como está dentro de lo lógico utilizarlo cuando dos chicos -seguramente crudos- cruzan la calle, de manera diagonal, increíblemente lento. Claro, cualquiera lo haría. Think again! Yo no. “¿Y por qué no?”, se preguntarán. Bueno, pues, porque el maldito timbre de mi bici se encuentra en un lugar lo menos práctico posible, y con mis extensas habilidades ciclistas no puedo dejar el manubrio ni por un segundo para tocarlo. ¡No!

Entonces, ¿qué hice? ¡Fácil! Utilicé la herramienta más antigua del Xalapeñu Mexicanus: El “comper”. Seguramente todos conocen ya el famoso “Comper”, pero si les resuena por sus cabecitas, les platico:

comper. 
1. loc. coloq. MéxicoDícese del acortamiento de la frase “con permiso”, dicha cuando necesitas pasar y hay personas inmunes a lo que sucede en su entorno que impiden tu libre tránsito por el mundo… o bueno, cuando quieres pasar por algún lado y alguien no te deja.

Así que váyanselo aprendiendo, cariños y cariñas mías, pues seguramente la siguiente vez que escuchen un “comper” a media calle sea yo intentando esquivarlos con mi bólido de bici.  Seguir leyendo

Día 5. Wabi-sabis y trapeadores

Lunes de puentecito rico, después de un domingo para crudear descansar, decidimos, el autor de la foto y yo, dar un paseo por las calles de Cholula.

Desde aquella primera vez¹ en la bici, no había salido de nuevo a rodar con él, y quería hacerlo, necesitaba hacerlo. Porque la verdad, aquella vez había sido un tanto traumática, recordarán el momento de estrés antes de dar una vuelta… bueno, creo que no les conté: me rehusé a dar una vuelta porque “todos” me estaban viendo y yo tenía la certeza de que al hacerlo me caería. Entonces, no, no había sido la mejor rodada. Así que, este lunecito de puente rico se prestaba perfectamente para ello, no sin unos cuantos traspiés y trancazos, claro está.

Después de comer nos aventuramos por las calles de Cholula. Primero pasamos a los riquísimos y amigables con el bolsillo Helados Coyoacán (8 norte, entre la 6 oriente y la 8 oriente), metimos las bicis y nos tiramos en los sillones de palettes mientras nos comíamos nuestras nieves (¡Buenísimas y altamente recomendadas!). Seguimos por la 10 oriente, pasamos por el Mostovoi (cerrado), llegamos a las pistas donde había kermés -que se veía y escuchaba re-buena- y seguimos.

Nunca me había sentido así. Así de tranquila mientras estaba en movimiento. En el carro nunca me he sentido así, ni en el camión -menos en el camión-. Y aunque sí estaba alerta por las familias que se dirigían a la kermés, o los carros estaciones “na’más por un ratito”, me sentía también muy relajada. El sol ya no estaba tan fuerte y el clima estaba bastante rico como para andar en bici. ¡¿Qué les puedo decir?! Lo disfruté muchísimo.

Incluso disfruté los momentos que quizás parecerían no-disfrutables –sí, aquí empieza lo bueno-. Llegamos al mero pueblo de San Andrés, y les tengo que decir la verdad, no sabía ni por dónde andaba, pero él sí -o al menos eso me hizo creer-, y estuvo increíble descubrir esos lugares.

VERDAD (BONITA) #9 DE LA QUE SE INICIA EN BICI

Si quieres descubrir lugares nuevos, bellos, increíbles, súbete a una bici y recorre tus calles.

Los japoneses tienen una palabra que me encanta. La aprendí en una clase de Historia del Arte en la carrera. La maestra nos hablaba de la belleza, no de lo estético, de la belleza.

Wabi-sabi.

No, no es eso que le pones al sushi para que pique (y sí que pica). Wabi-sabi es reconocer la belleza intrínseca en las cosas, en los detalles, en el paso del tiempo. Reconocer que algo no es feo por ser viejo, todo lo contrario, se convierte en un objeto de mayor belleza, con historias qué contar y amores de los que hablar.

Eso, queridos, es lo que vi en Cholula. Wabi-sabi puro.

“La bicla” y yo. Foto por (el guapísimo) César Galicia

Nos dimos cuenta que un gran número de paredes en Cholula están grafiteadas. Son obras de arte popular en diferentes técnicas, temas y estilos. Son pintas que ilumina la monotonía de las paredes de un lugar, encuentras desde saxofonistas tocando melodías de todos colores, hasta mundos mágicos de algodón de azúcar.

Justo antes de tomarme esa foto de arriba, vimos un viejito cruzando la calle. Iba completamente seguro de sí, con su andadera cruzaba con paso tranquilo pero firme. A cada dos que tres pasos me volteaba a ver como si se preguntara qué diablos estaba haciendo parada ahí enfrente de una pared vieja y descuidada, junto con mi bici. Una vez que llegó a la banqueta, sacó sus llaves para abrir su casa -que curiosamente era la de junto a la dichosa pared-, se detuvo unos segundos y me vio unos momentos más. Lo volteé a ver. Me pareció un momento increíble. Wabi-sabi.

VERDAD (CHISTOSA) #9.1 DE LA QUE SE INICIA EN BICI

… descubre también cosas chistosas

Como el trapeador más feliz y más sucio que han visto jamás. Sí, un trapeador, y no estoy alucinando. Todo su cuerpo se agitaba felizmente mientras buscaba comida o simplemente olfateaba restos de algo en la orilla de la banqueta. No supimos si era mezcla de poodle con trapeador o al revés, pero definitivamente el 80% era de trapeador (Véase Gráfico 2.0). Era en verdad la cosa más linda y feliz con el mundo. Eso nos alegró aún más el día.

– Mira, amor, qué feliz es ese… trapeador. ¡Qué sucio es!

Ahora que lo pienso sonaba más a Caperucita Roja que nada. Anyway, ese día fue el único trapeador feliz que encontramos, pero más tarde vimos a un perro corriendo hacia nosotros igual de alegre. Sí, ese fue el día de los caninos felices.

Gráfico 2.0. Anatomía de un  trapeador

Gráfico 2.0. Anatomía de un trapeador

VERDAD #10 DE LA QUE SE INICIA EN BICI

The Wrath in Cholula² 

Una vez que dejamos atrás a los caninos alegres, nos detuvimos unos momentos para deliberar nuestro siguiente destino:

a) Casa
b) Seguir rodando
c) Ninguna de las anteriores
Otra:____________

Otra, sí. La decisión fue pan. Sí, pan. El ArteSano será (Camino a Atzala, #1802, Local C, San Andrés Cholula). Y entonces, el niño (César)en tono burlón me dijo: “A ver tu ruta está así de pesada como dices”. No pasaron ni 2 minutos cuando La ira en Cholula se presentó. El Cholula Ruta pasó a unos escasos 15 centímetros de nosotros, me empecé a reír a lo Úrsula de la Sirenita, y exclamé un “¡Mwajajajajajaja! ¡¿Ya sentiste el rigor de la Ruta Cholula?! ¡The wrath in Cholula!”.

Creo que está de más decir que seguimos repitiendo esta última frase hasta llegar a nuestro destino (Cerrado, BTW).

VERDAD #11 DE LA QUE SE INICIA EN BICI
Cuando creas que estás lista para soltar el manubrio, piénsalo dos veces. 

Pues, sí. ¿Debo explicarlo más? Ok, va. Como se habrán dado cuenta ya, suelo hablar mucho conmigo misma, además de reafirmarme muchas cosas, mientras intento hacer algo, como andar en bici. “Vamos Citlalli, ya medio le haces a esto de la bicla, ya puedes soltar el manubrio un segundo para rascarte la nariz³”. ¡Y lo logré! Me sentí tan orgullosa que grité mi logro a César, algunas caras voltearon, pero no me importó.

Justo ese día se me había olvidado ponerme cinturón, así que mi pantalón, ese pantalón en específico, se baja después de tanto movimiento. Y después de mi reciente victoria decidí intentarlo, “Seguro no es taaaaaan difícil”. Sí fue difícil. Y doloroso. Al principio parecía que todo iba a seguir tranquilamente, sin ninguna baja, pero en cuestión de milésimas de segundo todo cambió. Perdí el control de la bici, intenté frenar, bajar mis pies (como había practicado ya), pero todo salió mal. Un pedal se me atoró como carne deshebrada en mi pierna y terminé exclamando un grito -bastante alargado- mezclado con una risita nerviosa. Una familia que se disponía a salir de paseo y guardaba sus cosas en el maletero de su auto, detuvo sus actividades para voltear a verme. César se detuvo y preguntó por mi estado. “Jijiji, ‘toy bien, ‘toy bien”. Claramente no estaba bien, pero mi orgullo estaba en juego. Sudando y con la temperatura corporal aún altísima arreglé el pedal y seguí rodando.

Cuando llegué al depa, sentí los dolorcitos aquellos del trancazo de la realidad:

Still not ready, darling. Accept it.


¹ Realmente la primera vez fue unos días antes, alrededor de las 7:30 pm, en el patio/estacionamiento de los depas donde vivo. Hacía apenas un par de días que Don Juan (el del taller de bicis) me había entregado la bicla, y dije muy confiadamente “¡Pos va! Hay que intentarlo. Seguro no es taaaan difícil, si ya sé andar en bici, seguro me acuerdo orita”. No fue tan fácil y no me acordé ‘orita. Así que, decido obviar este fallido intento de regresar al trote.

² Sí, sí es una referencia a GoT, sí, estoy un poco traumada con ella, y sí apenas voy en la segunda temporada… Así que NO SPOILERS. Por su atención, gracias.

³ Por “rascarme la nariz” me refiero a arreglar aquello llamado sostén, que en las chicas es un tema que siempre molesta.


Él ❤


» En el próximo post:
Los tres intentos, bye bye pedal y sí se puede.


Día 4. Agarrando confianza(s)

Pues ahora sí que he estado ausente, disculpen ustedes. Pero ahí les va.

VERDAD #7 DE LA QUE SE INCIA EN BICI
                       Aquello de agarrar confianza y a la mera hora hacer el ridículo.

¿Recuerdan aquel proceso del cual les hablé en el post anterior? ¿Ese arduo proceso para subirme a la bici? ¿Sí? Pues, el mismísimo viernes 13 decidí no seguirlo. Sí, lo sé: viernes 13. ¡Maldita sea! Digo, no soy supersticiosa, ¡para nada! Peeeero, ahora lo entiendo todo. Tenía que ser ese día el que me sintiera más valiente y que dijera: Bici, tú y yo, a partir de hoy, seremos una misma.

Seguramente para este momento ya se imaginan cuál fue el resultado. Intenté ser más astuta que la fuerza del proceso, y perdí. Niños, siempre que intenten tomar un atajo, sepan que se les va a reventar en la cara, o en mi caso, se irán de lado con todo y bici. Sí, precisamente eso fue lo que sucedió. Me ladié. Y así como nos reímos de nosotros mismos cuando nos caemos estúpidamente -más por pena y nervios que por otra cosa-, solté una carcajadita (sí, chiquita, porque era muy de mañana), me contuve de ver a mi alrededor y notar todas las miradas burlonas y de “Ay, pobre niña que no sabe andar en bici” que seguramente había en la calle. Solté una grosería (que está de más repetirla aquí), giré una vez más el pedal, volteé a ambos lados de la calle y cuando me aseguré que no venía ningún peligro, lo intenté de nuevo.

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Día 2 [y 3]. Biclas y malabares

Hoy sí salí a correr (“Operación Bikini” con todo), pero no saqué la bici. El frío de la fregada y la lloviznita esa que molesta más de lo que moja (bueno, sí moja mucho), hicieron que me diera miedito usar la bicla. “¡Nel!”. Así que hoy se quedó guardadita.

Pero ayer sí le di a la pedaleada.

Me da risa que las personas apenas salen con sus bicis del portón de su casa y se suben luego luego, como si fuera una extensión de sus cuerpos. Yo, por el contrario, tengo un proceso un poco bastante tardado. La onda está así:

1. Me cuelgo la mochila (que le tuve que hacer unos muy chistosos nudos en las asas porque pues como soy petite se me cuelga hasta las pompis… y si de por sí es incómodo caminar así, pues en bici peor), pongo mi bolsa de mano y mi lunch (sí, godineo muy cabrón) en la canastita, no sin antes medio amarrarlas a ésta para que con el traqueteo de las hermosas calles no se caigan.

2. Tomo la bici y me dirijo a la puerta. Con una mano abro la puerta (que abre hacia adentro), mientras que con la otra sostengo la bici del manubrio. La puerta choca contra la llanta delantera. Se gira la bici. Me ayudo de mi cadera para sostenerla. La hago un poco para atrás. La puerta se cierra un poco. Jalo la puerta – jalo la bici. Empujo la puerta. Paso la bici. Sumo la panza Me hago delgadita para pasar junto a ella. Logro pasar. Me volteo. La bici gira. Cadera-mano-puerta. Esto me lleva a la siguiente verdad:

VERDAD #4 DE LA QUE SE INCIA EN BICI
                       Siempre que tu puerta abra hacia adentro, tendrás que hacer malabares.

3. Me detengo antes de llegar a la calle. Volteo a ambos, me aseguro que no viene ningún carro-bici-persona-perro. Cruzo. Alineo la bici paralela a la calle. Volteo una vez más. Subo el pedal. Volteo otra vez. ¡Va!

Todo esto me lleva unos 3-4 minutos, quizás exagero (Aunque no creo). Y mientras veo cómo las señoras, con todo y chamaco en el asiento improvisado en la parte de enfrente o en el portabultos, ponen un pie en el pedal, agarran vuelo y cruzan las piernas para sentarse en el sillín. Si me permiten la expresión: “Osea, ¡¿qué pedo?!”.

Ayer ya estaba más tranquila. Aún así llegué al trabajo con las manos todas tiesas por apretar (no agarrar) el manubrio. Pero también descubrí otro par de verdades.

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Día 1. Serendipias biciclecísticas

Debo comenzar por hacerles saber que ayer pretendía empezar a correr por las mañanas, antes de ir a trabajar. Estaba más que lista (desde hace dos semanas). Me desperté 6:30, como había planeado. Me puse mi ropa deportiva, agarré mi celular y programé el Spotify a la playlist “Operación Bikini” -con éxitos del momento como “You better work bitch” y “Wiggle”-. Todo estuvo increíble. Regresé al depa después de haber corrido unos 5km por las calles, aún un tanto solitarias, de Cholula mi amor. Todo iba de acuerdo al plan.

Todo a excepción de que lo anterior había sido un sueño. Y así como empezó, así se terminó mi inicio de vida sana. Bueno, quizás no deba ser tan exagerada. Pero ya, ¿a qué iba con todo esto?

Hoy sí me desperté a las 6:30 am. Y hoy sí salí a correr (unos escasos 3.5 km), y escuché “You better work bitch”. Hoy desayuné muy sanamente y me preparé para irme al trabajo. Pintaba para un buen día.

Hoy fue mi primer día en bici.

Confesaré que le di vueltas al asunto desde hace ya casi un mes. Primero que porque la dichosa bici estaba en el taller, que porque ya estaba muy jodida y había que hacerle de todo, que porque los rines y las cámaras y quién sabe cuánta cosa más. Después que porque hay que practicar unos días y los únicos días disponibles pa’ eso son fines de semana. Luego que no estaba en Cholula ESE fin de semana. Y que cuando ya se dio el dicho día de práctica la niña entra en un ataque de pánico al intentar dar vuelta en una calle. Y que se acaban las excusas. Y que llega el día.

Hoy fue ese día.

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